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Alimentación y Obesidad

Desde finales del siglo XX, la herencia evolutiva del ser humano junto con un ambiente que se ha ido constituyendo como obesogénico, han favorecido el incremento alarmante de la obesidad en el mundo, y en la actualidad de carácter infantil.

Aquí revisamos los cambios ambientales que han determinado las modificaciones en los patrones alimentarios y de estilo de vida acontecidos en los últimos decenios y que han podido contribuir a modificar el equilibrio energético.

Actualmente, tanto en los países industrializados como en los países en vías de desarrollo en los que se observa el fenómeno de transición alimentaria, la prevalencia de obesidad está alcanzando cifras alarmantes, hasta el punto de que se ha convertido en un problema sanitario de primera magnitud.

En nuestra sociedad actual se vive una situación de abundancia en la que este mecanismo adaptativo de conseguir el máximo de energía en los alimentos puede conducir a un desequilibrio en el balance energético, mecanismo fisiopatológico básico del aumento del peso corporal y la génesis de la obesidad. Así, muchos estudios reflejan que este aumento de la obesidad está ligado al sedentarismo y por tanto, a una disminución del gasto energético.

Los cambios en las tendencias en los patrones alimentarios de los últimos años:

  1. El incremento del consumo de comida rápida y comidas realizadas fuera de casa, que se evidenció contenían más grasa saturada y sodio, así como poca fibra, hierro y calcio.

  2. El aumento de la tendencia a consumir alimentos fuera de las comidas (llamado colación o snack) que se relaciona con un mayor consumo de porciones de alimentos que contienen azúcares en los jóvenes varones y, en las mujeres no sólo de azúcares sino también de alimentos ricos en grasa.

  3. El aumento en la ingesta de grandes volúmenes de refrescos o soft drinks. Este consumo se ha triplicado en los jóvenes en los últimos 30 años y se ha relacionado con el consumo de comida rápida y con un menor consumo de frutas, verduras, cereales y sobre todo de leche.

  4. Teorías que se han mencionado para explicar la relación entre obesidad y consumo de bebidas endulzadas: 

    1. Un reducido gasto energético debido a la fácil metabolización de las bebidas azucaradas consumidas, frente al gasto energético generado por bebidas con más nutrimentos, como sería la leche.

    2. Un incremento de la ingesta de alimentos debida a una menor sensación de saciedad tras el consumo de bebidas altamente azucaradas.

    3. El efecto de los refrescos y otras bebidas endulzadas como jugos, en la elevación del índice glucémico (IG).

    4. Por último, el efecto del consumo de fructosa de las bebidas endulzadas sobre el aumento de triglicéridos séricos. 

    5. Mayor utilización de azúcares y grasas añadidos a los alimentos lo cual pudiera estar contribuyendo al incremento de la obesidad en el mundo. Por todo ello, se recomienda restringir el consumo de azúcar y de bebidas azucaradas, particularmente en niños, así como los alimentos densamente energéticos pero pobres en micronutrimentos, con el objetivo de reducir el riesgo de aumento de peso.

  5. El efecto adictivo de los que podrían llamarse “imperceptibles” cambios en los patrones alimentarios, unido a cambios en la actividad física, puede llevar teóricamente a unos notables cambios en el peso y la composición corporal, si bien algunos trabajos no logran evidenciar los efectos de la dieta sobre la grasa corporal, dado el gran efecto del sedentarismo en esa ecuación.

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